La diabetes
mellitus era ya conocida antes de la era cristiana. Los chinos advertían en sus
escritos de la existencia de una “orina dulce” que atraía a las moscas.
En el papiro de Ebers descubierto en Egipto, correspondiente al siglo XVI antes de Cristo, ya se describen síntomas que parecen corresponder a la diabetes. Fue Areteo de Capadocia quien, en el siglo II de la era cristiana, le dio a esta afección el nombre de diabetes, que significa sifón en griego, en alusión a uno de sus signos más llamativos: la rapidez con que los afectados orinan lo que beben, sin que el líquido permanezca mucho tiempo en su organismo. En la misma época Galeno también se refirió a la diabetes.
En los periodos posteriores los escritos médicos no hacen referencias a esta condición, hasta que, en el siglo XI, Avicena habla de ella con clara precisión en su famoso Canon de la Medicina.
Tras un largo intervalo fue Tomás Willis quien, en 1679, hizo una descripción magistral de la diabetes, quedando desde entonces reconocida por su sintomatología como entidad clínica. Fue él quien, refiriéndose al sabor dulce de la orina, le dio el nombre de diabetes mellitus (sabor a miel).
En 1775 Dopson identificó la presencia de glucosa en la orina y el inglés Rollo consiguió mejorías notables con un régimen rico en proteínas y grasas y limitado en hidratos de carbono.
En el papiro de Ebers descubierto en Egipto, correspondiente al siglo XVI antes de Cristo, ya se describen síntomas que parecen corresponder a la diabetes. Fue Areteo de Capadocia quien, en el siglo II de la era cristiana, le dio a esta afección el nombre de diabetes, que significa sifón en griego, en alusión a uno de sus signos más llamativos: la rapidez con que los afectados orinan lo que beben, sin que el líquido permanezca mucho tiempo en su organismo. En la misma época Galeno también se refirió a la diabetes.
En los periodos posteriores los escritos médicos no hacen referencias a esta condición, hasta que, en el siglo XI, Avicena habla de ella con clara precisión en su famoso Canon de la Medicina.
Tras un largo intervalo fue Tomás Willis quien, en 1679, hizo una descripción magistral de la diabetes, quedando desde entonces reconocida por su sintomatología como entidad clínica. Fue él quien, refiriéndose al sabor dulce de la orina, le dio el nombre de diabetes mellitus (sabor a miel).
En 1775 Dopson identificó la presencia de glucosa en la orina y el inglés Rollo consiguió mejorías notables con un régimen rico en proteínas y grasas y limitado en hidratos de carbono.
La revolución de la insulina
El punto neurálgico del estudio se registró en 1921, cuando Frederick Grant Banting y su ayudante Charles Herbert Best lograron detener la enfermedad en un grupo de perros con diabetes, inyectando insulina exógena y reduciendo sus glicemias a los pocos minutos. No sólo habían descubierto la insulina, sino que ganaron el Premio Nobel de Medicina al año siguiente.
La primera persona tratada con insulina exógena fue un joven de 14 años llamado Leonard Thomson el 22 de enero de 1922. Leonard, que se encontraba hospitalizado y moribundo, se recuperó rápidamente con las inyecciones de insulina. Él fue el primero de decenas, luego cientos, miles y millones de personas que se han beneficiado con este tratamiento.
El conocimiento científico de la diabetes, al igual que la prevención de las complicaciones de ésta, ha estado estrechamente vinculado con el desarrollo tecnológico de los monitores de glicemia.
A partir de la década de los 70, el autocontrol de la glicemia fue posible gracias a la aparición del primer monitor y cintas reactivas para la medición de la glicemia, en la que se utilizaba una gota de sangre capilar. Este examen es llamado hemoglucotest.
El punto neurálgico del estudio se registró en 1921, cuando Frederick Grant Banting y su ayudante Charles Herbert Best lograron detener la enfermedad en un grupo de perros con diabetes, inyectando insulina exógena y reduciendo sus glicemias a los pocos minutos. No sólo habían descubierto la insulina, sino que ganaron el Premio Nobel de Medicina al año siguiente.
La primera persona tratada con insulina exógena fue un joven de 14 años llamado Leonard Thomson el 22 de enero de 1922. Leonard, que se encontraba hospitalizado y moribundo, se recuperó rápidamente con las inyecciones de insulina. Él fue el primero de decenas, luego cientos, miles y millones de personas que se han beneficiado con este tratamiento.
El conocimiento científico de la diabetes, al igual que la prevención de las complicaciones de ésta, ha estado estrechamente vinculado con el desarrollo tecnológico de los monitores de glicemia.
A partir de la década de los 70, el autocontrol de la glicemia fue posible gracias a la aparición del primer monitor y cintas reactivas para la medición de la glicemia, en la que se utilizaba una gota de sangre capilar. Este examen es llamado hemoglucotest.
fuente www.accu-chek.cl




